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¿Tiene sentido el valor tan arcaico del oro en un mundo cada vez más virtual?

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La Vanguardia. Barcelona, 13 de Agosto 2011 (Antonio Cerrillo) – La crisis ha hecho renacer una nueva edad del oro. Muchos inversores han optado por comprar lingotes de oro o monedas para poner a buen recaudo sus ahorros, que centellean ante la inestabilidad de los mercados financieros. ¿Un valor refugio, un valor arcaico, el triunfo final de lo más material? En un momento en que los bienes inmobiliarios, la bolsa o las divisas muestran volatilidad, el oro de inversión deslumbra a los compradores. Los expertos analizan la evolución de sus precios buscando el techo. El precio de la onza (31,1 g) en Nueva York ha pasado de 1.313 dólares en enero a 1.757 dólares el pasado martes, con lo que ha aumentado un 33% en seis meses. Los compradores pueden guardar los lingotes (de cinco gramos a un kilo) y las monedas en las cajas fuertes de casa o en bancos, aunque deberán contar el coste de seguridad.

Comprar oro tiene algo de retorno instintivo a una memoria selectiva del hombre, cuyo ADN monetario está en los intercambios y transacciones que se hacían con monedas (plata, bronce, oro) en la antigüedad. Hasta el final de la Primera Guerra Mundial, el oro y las monedas estaban ligados entre sí, aunque la última relación consistente, la que unía dólar y oro, desapareció en 1971. Desde entonces, el patrón oro desaparece y el valor del papel moneda descansa sobre la fe en los estados.

Pero ¿en quién confiamos más, en el oro o en el Estado? Por ahora, los ciudadanos se echan la mano al bolsillo y no ven una crisis virtual. "La gente está harta de valores etéreos y virtuales y cree que ha llegado el momento de volver a centrarse en valores seguros, palpables y materiales", dice Joan Nogué, catedrático de Geografía Humana de la Universitat de Girona. El oro nunca ha dejado de ser una referencia. Puede presumir de ser muy estable. No se degrada. No se oxida, ni produce herrumbre. Resiste el paso del tiempo. Simboliza lo duradero. Con su resistencia, su belleza o adornando el cuerpo humano ha superado la reválida de los siglos. Ha protagonizado acontecimientos religiosos o históricos, y ha consolidado su prestigio en los mitos y en el lenguaje (edad de oro, medalla de oro...). "El oro siempre ha provocado una seducción extraña. Ha sido el símbolo de la riqueza", recuerda el sociólogo Joaquim Sempere.

Ante su presencia rotunda, cotidiana, no es fácil sustraerse a su magnetismo; ni es sencillo desentenderse de valores y símbolos materiales asentados. Y menos aún, en época de crisis, cuando se buscan muletas atávicas, las esencias de nuestros ancestros. Por si fuera poco, las culturas más diversas (el imperio de Mali medieval o el español, India...) sucumben a su hechizo; hasta los nuevos gobiernos venden las reservas al mejor postor.

"Las joyas de oro conservan el poder adquisitivo cuando las cosas van mal. Cuando la economía va bien, el oro baja de precio: pero cuando va mal, sube su precio. Pero si la crisis fuera aún más grave, también bajaría de precio, porque entonces comenzaría a salir la oferta de oro de gente que necesita pagar la hipoteca o la comida", dice Joan Martínez Alier, profesor de Economía de la UAB.

La fábula del rey Midas enseña que el oro, símbolo de poder y codicia, trae la desgracia. El rey Midas pidió al dios Dioniso que convirtiera en oro todo lo que tocara, y este se lo tomó tan al pie de la letra que hasta el agua, el pan y los frutos tenían forma áurea y no podía ni comer. Midas purgó sus culpas purificándose en el río Pactolo. Pero ni así ha perdido popularidad. ¿Por qué extrañarse de que los inversores busquen una nueva edad del oro para sus bolsillos?

"Los inversores buscan obtener el máximo beneficio en el mínimo tiempo posible. Y si los mercados habituales no dan más de sí y no se les puede exprimir más, piensan: 'Pues vamos a buscar otra cosa'", interpreta Albert Gasch, responsable del área de clientes de la banca ética Fiare.

¿Es el triunfo del individualismo?. "Los grandes inversores se han convertido en el prototipo del egoísta que sólo piensa en su propio interés y no tienen ninguna sensibilidad hacia el interés común. La regulación de las especulaciones financieras es inexistente y la autorregulación no funciona. Este es un liberalismo salvaje en el que el único fin es el enriquecimiento y el beneficio propio. Con estos valores personales y colectivos, es imposible avanzar hacia un mundo más equitativo", diagnostica Victoria Camps, catedrática de Ética en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Y también puede interpretarse que los ciudadanos dan la espalda a los gobiernos, que "no son capaces de domar los mercados ni contener los estragos especulativos: nos amarramos a ideas para ponernos a salvo de la inestabilidad de una economía de casino", dice Sempere.

"Bancos y cajas han enseñado sus grietas y debilidades, mientras que el poder político ya ni siquiera intenta disimular que tiene poco poder, que el poder está en otra parte. Todo esto se ha hecho evidente a los ojos de quienes hasta ahora tenían una fe ciega en el sector financiero y el Estado", opina Joan Nogué.

"Los inversores no creen en la burbuja en que nos han metido. Huyen de las inversiones corrientes e incluso de las inversiones especulativas. Desconfían incluso del sistema que han montado. Como dice el profesor Naredo, la economía especulativa es cincos veces superior al PIB mundial", dice Enric Tello, catedrático de Historia Económica de la UAB.

Los compradores creen que el oro de inversión irá al alza. Y en estos mercados, lo importante son las sensaciones: la necesidad de conocer a fondo la oferta y la demanda para dar lugar a especulación. Por eso, también se puede comprar en los mercados de futuros. "La especulación es lo que mueve el mercado del oro de inversión, o sea, la expectativa de que luego costará más", dice Ismael Romeo, director de la bolsa de derechos de emisión de CO2 Sendeco, todo un experto en valores con altibajos acusados.

ALBERT GASCH, BANCA FIARE
"En la banca ética no compramos oro"

"Si alguien quiere oro, que no vaya a la banca ética. No lo compramos", suelta Albert Gasch, de la banca ética Fiare. "Nuestra misión no es ganar el máximo dinero, sino inculcar valores de transformación social y conciliar la actividad y la conservación de los recursos naturales y la economía solidaria". Créditos a proyectos en países pobres, comercio justo, a discapacitados, energías renovables y cooperativas que saquen la vivienda del mercado especulativo conforman su cartera.

  • CARLOS VILLALBA, BANKORO
    “Creemos que se está rompiendo un tabú”

    "La gente compra oro porque esto está dejando de ser tabú en España. En Alemania o en otros países se ve como algo normal, como un valor seguro", dice Carlos Villalba, responsable de marketing e información de Bankoro, una de las empresas del sector. Sus lingotes se obtienen por fundición del oro procedente de joyas recicladas, pero es oro puro, con todas las garantías.

 

Fuente: La Vanguardia

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